Desde Frankfurt a Belgrado con amor (y Slivovica) Parte 1

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Uno de los viajes que con mas cariño recuerdo fue en julio del 2002, en esa época yo vivía en Frankfurt (Alemania) y con los compañeros de Media Institute, donde estudiábamos el idioma germánico, Beba, de Mala Mostanica (Serbia) y Saso, de Gotse Delchev (Bulgaria), surgió la idea de viajar a los Balcanes a visitar a sus familias. La idea me pareció genial, a pesar de que tenia que sacrificar el viajar a España para visitar a la mía como todos los veranos.

A penas hacía un año que había acabado al guerra de la antigua Yugoslavia y los índices de corrupción en los dos países eran bastante altos, tristemente a día de hoy siguen siéndolos, sobre la historia de la antigua Yugoslavia hablaremos en otro momento.

Nos pusimos con los preparativos, el mas importante era el visado para poder acceder al país, no me costo mucho, ya que en Frankfurt tenemos el consulado y otra cosa muy importante, un mapa de carreteras, cabe recordar que hace unos años no teníamos la facilidades que ahora tenemos en el móvil,

Así que en la noche del 6 de julio, creo recordar, nos montamos en un Volkswagen azul oscuro con matricula alemana y nos pusimos rumbo a Belgrado.

El recorrido hasta la capital de Serbia fue muy entretenido, cruzamos Alemania, pasamos por Viena haciendo un parada corta de emergencia para ir al baño o… entre unos matorrales, donde nos advirtió la “Polizei” que estaba prohibido evacuar en lugares públicos… sin mas seguimos la ruta, La siguiente parada fue en la frontera con Hungría, los pasaportes parecían el típico chiste de “Esto era una vez un búlgaro, una muchacha serbia y un español que…”.

Tener que mostrar el pasaporte me devolvió a la realidad de las fronteras, algo que ya casi había olvidado. Fue rápido, enseñamos el pasaporte, una mirada de desconfianza, probablemente fue por la diversidad de nacionalidades, nos lo sellaron y adelante. Mientras cruzábamos Hungría empezó a amanecer , teníamos provisiones en el coche así que nos ahorramos parar, no recuerdo cuando hicimos los cambios de conductor. Conducían ellos dos, yo no tenia carnet de conducir. La aventura seguía, en la frontera con Serbia al tener el visado fue rápido y se acercaba ya la meta, tras una incursión rápida por Belgrado y después de treinta minutos mas de conducción llegamos a Mala Mostanica.

Allí nos esperaba la familia de Beba con unos burek y slivovica (un licor de ciruela), no estuvo nada mal la bienvenida: calor humano, comida casera y un brindis balcánico.

Descansamos durante el día y al atardecer fuimos a dar una vuelta a la capital, recuerdo muy buen ambiente en el centro de la capital, música en vivo en la calle, mucha gente, bares. Anecdótico fue la escena en la que pagamos unas cervezas con euros, cosa que en teoría estaba prohibido, al darme el cambio de los veinte euros, el camarero me dio un montón de dinaras, la moneda local, me puse a ver los billetes en la mesa del bar, hasta que Beba, con un codazo discreto, me susurró: “Guárdalos, que eso aquí es mucho pasta”.

 

A la mañana siguiente nos tenían el desayuno preparado, les dije el día anterior que me trataran como una mas no como un invitado, son gente muy hospitalaria y no me dejaban ni levantarme a por un vaso de agua, lo cual a veces me hacia sentir un poco incomodo. Bueno, volviendo al desayuno, antes de nada me dijeron que era típico de allí antes de empezar el día tomar un chupito de slivovica, y si, es verdad que sienta bien y que vas con otro humor, pero no lo recomiendo hacer todos los días por la salud de nuestro hígado. Desayunamos unos burek (es una especie de empanada de masa fina tipo masa filo, puede ir rellena de carne, espinacas, queso o patata, ¡buenísimo!) y acompañado de un café antes de ir a hacer un poco de turismo a Belgrado. Visitamos Kalemegdan, la fortaleza de Belgrado, ubicada en Stari Grad, fue fundada en el siglo III a.C. por los celtas, fue conquistada por los romanos, paso por manos de los turcos…, y finalmente 1867 se entrego al reino de Serbia por los otomanos. El nombre viene de dos palabras turcas “Kale” (fortaleza) y “Meydan” (campo de batalla), así que textualmente “fortaleza del campo de batalla”, un poquito de historia no viene mal. Hoy en día funciona como museo y mirador sobre la confluencia de los ríos Danubio y Sava.

 

 

Después de una mañana cultural, comer un “pljeskavica” (hamburguesa serbia), ver como la policía pasaba la mano a los “manteros” para permitirles vender en la vía publica, intento de multarnos, un coche con matricula alemana es muy atractivo a la hora poner una multa, como nos dijo Beba “si nos para la policía, no hablad y dejadme a mi que soy mujer y rubia”, se ve que funciona porque funcionó. Finalmente Volvimos al pueblo, nos dimos un baño en la piscina y pase la tarde con el padre de Beba, Petar se llama, entre ajedrez y cervezas, lo cual se convertiría en costumbre durante esos días.

Al día siguiente se unió un amigo alemán de la familia que volaba desde Munich, aprovechamos para ir a una feria en Obrenovac, comida, niños, ruido, polvo y cochinillos asados a fuego lento. ¿Qué mas se puede pedir? así que compramos un cochinillo y vuelta a casa. Allí celebramos el cumpleaños del amigo alemán al estilo balcánico. También nos dio tiempo para pasear un rato por Belgrado, esta vez hizo Petar de guía, pocos de monumentos. Solo historias. Algunas de la guerra. Crudas. Otras más cotidianas. Pero todas reales.

Después de unos días en el encantador pueblo de la montaña, tocaba cambiar de rumbo. Pusimos dirección a Melenci, donde vive parte de la familia de Beba. Esta vez se nos unió su hermana pequeña, Maja, que se apuntó encantada a la expedición.

Por el camino, la ya clásica anécdota: segundo intento de multa. Sin novedad en el frente, salvo que parecía que circular con matrícula extranjera en Serbia era casi una provocación. Por la tarde llegamos al pueblo, saludamos a la familia y nos llevaron a la disco del pueblo, donde sonaba turbo-folk (Una música balcánica tradicional mezclada con música disco), allí fuimos la atracción de la noche: los amigos “alemanes” de Beba. La noche siguió, algunas cervezas y tragos slivovica, que desembocó en una notable resaca al día siguiente.

Una vez recuperados fuimos a visitar un lago que queda cerca del pueblo, Rusanda.

El lago es altamente salino, el cual alberga un Spa, la historia del mismo comienza allá por el año 1866, cuando se formo una sociedad anónima para poder utilizar el factor medicinal del lago. El balneario se inauguró oficialmente en 1867. También es uno de los principales hospitales de medicina física y rehabilitación en Serbia.

No despedimos y tocaba vuelta a Belgrado. Tocaba despedirse. A la mañana siguiente nos esperaba el bus con destino Sofia, en Bulgaria.

Continuará…

2 respuestas

  1. Me parece una pasada la cantidad de información y lo bien documentado que están los artículos, una delicia 🎉

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