Durante años, moverse por Laos era sinónimo de horas eternas por carreteras imposibles de montaña. Hoy, un tren conecta la capital con Luang Prabang en apenas dos horas. Y ha cambiado completamente la forma de viajar por el país.
El tren «chino» de Laos.
Salimos hacia Luang Prabang desde Vientián. Teníamos ganas de probar el famoso tren que une las dos ciudades.
Hay que tener en cuenta que la estación de trenes de Vientián no está nada céntrica, está a las afueras de la ciudad. En Luang Prabang ocurre lo mismo, se encuentra a 12 kilómetros de la ciudad.
La red ferroviaria de Laos fue desarrollada, diseñada y construida principalmente por China. Conecta la capital, Vientián, con la frontera en Boten y se inauguró en diciembre de 2021.
Ahora el trayecto es de dos horas aproximadamente, antes del tren te pegabas 10 horas subido en un bus para recorrer los 310 kilómetros a través de las montañas.
En la mayoría de los hoteles tienen servicio de venta de billetes de tren y te llevan hasta la estación en minivan, así que no tendrás problemas para conseguirlo. Te suelen cobrar unos 550.000 kip.
Si te buscas la vida para llegar a la estación puedes comprar allí el pasaje y te sale bastante más barato, está por los 330.000 kip. Eso sí, te arriesgas a que no haya plazas, aunque normalmente solo se suelen llenar los fines de semana.
Reencuentro con Luang Prabang.
Nosotros nos alojamos en un hostal, La Casa Nostra, luego os comentaré sobre el lugar.
La antigua capital de Laos da para unos tres o cuatro días yendo relajado.
El primer día lo dedicamos a caminar por todo el paseo al lado del río Mekong, dirección al centro histórico, allí hay una gran variedad de bares y restaurantes con vistas al rio.
Han pasado 15 años desde la última vez que estuve por Luang Prabang, las calles son las mismas… pero no las veo igual.
Seguimos caminando junto al río hasta el final del paseo. Allí damos una curva de 180 grados que nos lleva a la calle del mercado nocturno. Aunque para llegar al susodicho hay que andar unos 10 minutos.
Por el camino nos cruzamos con los templos mas emblemáticos de la ciudad como el Wat Xieng Thong, construido entre 1559 y 1560 por el rey Setthathirath, es uno de los monasterios más importantes de Laos y un monumento al espíritu de la religión, la realeza y el arte tradicional.
En la misma calle se pueden ver varios templos, a la altura del mercadillo a mano derecha está el Haw Phra Bang (El Phra Bang es una estatua de Buda; es el homónimo de esa ciudad. Mide 83 centímetros y está fundida en bronce, oro y plata. Según la tradición local, se fundió en Ceilán entre los siglos I y IX.).
Y el Palacio Real, fue construido en 1904 durante la época colonial francesa para el rey Sisavang Vong y su familia, quizá los más importantes de la ciudad.
En apenas unos metros se concentra buena parte de la historia del país.
Mercadillo de artesanía y comida.
Cuando va cayendo el sol se ve a los mercaderes montando sus pequeños stands y la calle, que era transitable con vehículos a motor, se convierte en peatonal, cambiando el olor a humo por el de la comida tradicional.
Poco a poco se ve a los turistas llegar entre los puestos artesanales, comidas y dulces.
Aunque la oferta gastronómica no es tan apetecible como por ejemplo en Tailandia, vale la pena probar sus platos.
Mi sorpresa fue que ahora han montado un recinto con un montón de chiringuitos, puedes encontrar tanto comidas tradiciones del país como cosas mas occidentales, vamos, hay para todos los gustos.
Mi recomendación es otra.
Justo enfrente del recinto de comidas hay una calleja con puestos de comida, es muy estrecha y si no te fijas bien pasas de largo. Allí sobre todo hay comida laosiana, salchichas, hamburguesas chinas (¡riquísimas!). Un imprescindible si te gusta probar comidas locales.
Phousi Hill
Al día siguiente volvimos de nuevo al casco antiguo de la ciudad. Madrugamos para intentar evitar las horas de calor. Queríamos subir a la colina Phousi, son unos 300 y pico escalones, no es muy complicada la subida, pero con las calores que hay… cuanto antes mejor.
Tiene un precio de 30.000 kip. El recorrido se hace bastante llevadero, cuando llegas arriba tienes unas vistas espectaculares de la ciudad a un lado y del Palacio Real al otro y el templo Wat Chom Si, pequeño pero curioso.
Para bajar de la colina hay un camino donde encuentras varias estatuas de Buda, otro templo Wat Tham Phosui, o el Templo de la Huella de Buda, que se refiere a templos budistas, que albergan una reliquia o depresión natural como la huella del pie de Buda.
La otra vez que estuve aquí aproveché la puesta sol para subir la colina. Te recomiendo subir un rato antes de que se ponga el sol, ya que suele haber bastante gente, el espectáculo vale la pena.
Cataratas Kuang Si
Para visitar las cataratas tienes varias opciones.
Puedes contratar una excursión, donde te recogen de tu hostal y va incluido el precio de la entrada al complejo natural (60.000 kip). Te llevan hasta el parque natural, que está a 30 kilómetros de Luang Prabang.
Tardas poco más de media hora.
Al llegar allí, tienes aproximadamente dos horas para recorrértelo.

Hay dos caminos para llegar a la gran cascada de 60 metros. Uno por el que vas directamente a la caída de agua, y el segundo, a la derecha, pasas primero por un centro de rescate de osos negros asiáticos salvados de la caza furtiva, la visita es gratuita. Es el que tomamos nosotros y aconsejo. Y los peques lo agradecerán.
Después te vas encontrando con los tres niveles de cascadas. Puedes aprovechar para darte un baño, ¡el agua está muy fría!, te lo advierto…, pero vale la pena.
Una vez llegas arriba del todo aparece ante ti una pared de agua de 60 metros.
La verdad, dos horas se quedan cortas para disfrutar de todo lo que hay allí.
Para ir por libre lo mejor es ir en una mini van compartida (100.000 kip aprox.) o alquilar una moto, la moto te da mas libertad, por supuesto.
Cuevas de Pak Ou
Si has escogido la excursión, esta sigue hasta un restaurante con buffet con vistas al Mekong.
Una vez comidos te suben en una barca que sigue el curso del río hasta Luang Prabang haciendo una parada en las cuevas de Pak Ou, situadas a 25 km del núcleo urbano.
Se trata de un grupo de cuevas que son populares por sus decenas de esculturas de Buda en miniatura colocadas allí por peregrinos a lo largo del tiempo.
Para ir por libre, desde el embarcadero de Luang Prabang puedes contratar una barca que te lleve directamente hasta las cuevas.
De arroz a whisky, Ban Sang Hai.
Siguiendo la ruta del barco la siguiente parada es un pueblo a orillas del rio, famoso por su «whisky» de arroz, conocido localmente como Lao-Lao .
Aquí te explico todo sobre este lugar para que sepas qué esperar:
Su licor es casero, hecho de arroz glutinoso. Cuando llegas, te sientas en una sala al aire libre junto al río, y el «alquimista» del pueblo te explica como procesan de forma tradicional el arroz hasta convertirlo en licor.
Te dan a probar desde el más flojo al más potente.
El Lao-Lao básico tiene un sabor que recuerda al sake, pero suave. Yo sin ser especialmente bebedor de licores, me quedo con el más fuerte que tienen.
Sin embargo, la atracción son las botellas «especiales». Hay botellas en las que encontrarás infusiones con serpientes, escorpiones, insectos o hierbas . Los lugareños cuentan que estas versiones tienen propiedades medicinales o «fortalecedoras» .
Aunque el alcohol es el reclamo, Ban Xang Hai también es conocido por sus textiles. Muchas familias del pueblo se dedican al tejido tradicional.
Otra opción para visitar el pueblo es contratar una barca en el puerto del Luang Prabang. Es una parada que puedes hacer en el trayecto hacia las Cuevas de Pak Ou.
Ban Xang Hai es una parada curiosa y fotogénica en una ruta en barco por el Mekong. Está bien si quieres probar algo muy local o te interesa la artesanía. No esperes una destilería «seria» con whisky añejado en barrica.
Puesta de sol en el Mekong
La última parte del tour es el atardecer navegando por el Mekong.
Cuando empieza a caer el sol el capitán del barco te «invita» a una bebida, en mi caso una BeerLao.
El momento es una auténtica pasada, no es solo la puesta de sol, si no todo lo que lo rodea. El rio, el barco, el tono rojizo del cielo, el sol, la cerveza (en mi caso me hubiera bebido otra más) y por supuesto, lo más importante, la compañía.
Aunque sea solo para un par de horas y presenciar la puesta del sol en el rio, vale la pena. Mi recomendación es bien sencilla, llévate un par de cervezas o una bebida bien helada y disfrutar de ese momento navegando el Mekong.
¿Mejor contratar un tour o por libre?
Pues realmente depende de tu presupuesto y del tiempo que tengas.
En el precio entran tus habilidades de regateo, pero por unos 35/40 dólares por persona puedes contratarlo.
Por libre, hacer todas las actividades te ahorras bastante, puede salirte por la mitad de precio, pero necesitas más tiempo.
Trekking.
Si te gusta el trekking aquí tienes una gran oportunidad de disfrutar.
En este último viaje no tuve la oportunidad o el tiempo para hacer un trekking, pero la última vez que estuve aquí si que nos aventuramos a caminar por las montañas.
De las mejores experiencias del viaje.
Os resumo un poco la experiencia:
Contratamos un tour, que fue solo para nosotros tres, era septiembre, temporada baja, así que no había mucho turismo en esas fechas.
La primera parte del tour fue en bicicleta, una ruta bastante interesante, llevábamos un coche escoba para los menos deportistas, la ruta se hacia dura en algunos tramos.
Paramos a comer en un pueblo Lahu y la ruta siguió a pie.
Nuestro guía, Suk, fue clave durante el recorrido. Siempre atento, explicándonos cada lugar por el que pasábamos y cómo vivían las comunidades de la zona.
Antes del atardecer llegamos al un pueblo, nos comentó Suk que allí convivían las etnia Lahu y Lamet.
En este pueblo íbamos a pasar la noche.
Nuestro guía, despues de presentarnos el dormitorio, ducha y aseos, nos paseó por el pueblo. Nos habló de su día a día, de cómo viven en un entorno tan alejado de todo.
El resto de la tarde nos dio libre, aprovechamos para pasear un poco por la ciudad, tomarnos una BeerLao y abrir el apetito con unos cacahuetes picantes antes de la cena.
A la mañana siguiente desayunamos y nos pusimos en marcha.
Salimos del pueblo, y seguidamente atravesamos campos y campos de arroz, el paisaje era de esos que te invitan a parar y admirar el paisaje.
Seguimos montaña abajo, y entramos en una zona totalmente anegada por los monzones, pero teníamos que cruzarla, no había otro camino. Yo me resbalé y me puse de barro hasta la cintura… o mas.
Salimos de las inundaciones y encontramos a una escalinata entre arbustos, bajamos, con cuidado. Y nos encontramos con las cataratas Kuang Si, los 60 metros de caída de agua y mucha agua debido a las lluvias. Valió la pena.
Mientras nos hacíamos las fotos de rigor, Suk, nuestro guía, nos preparó la comida en unas mesas de madera que hay justo enfrente de las cataratas, ¿Qué más se puede pedir?.
Después de la comida el camino hasta Luang Prabang fue en una furgo hasta nuestro hostal.
Sin duda alguna repetiría una experiencia como esta.
Algunas visitas mas, si te sobra tiempo.
Puedes visitar el UXO Visitor Centre, es un pequeño museo, donde puedes encontrar cientos de bombas sin explotar.
Durante la guerra de Vietnam, EEUU bombardeó Laos de forma masiva, a pesar de ser neutral durante la guerra, convirtiéndolo en el país mas bombardeado de la historia.
A día de hoy hay miles de artefactos sin detonar causando muertes y mutilaciones a cientos de personas todos los años.
El centro no solo muestra esta historia, sino que también explica el importante trabajo que realizan para localizar y retirar estos restos, además de educar a la población local sobre cómo actuar en caso de encontrarlos.
Alojamiento. La Casa Nostra Hostel
Como ya dije os iba a comentar sobre este hostel.
Está regentado por Jaypee, un anfitrión filipino que está siempre pendiente de todo y que te ayuda con cualquier duda sobre la ciudad, para lo que haga falta.
Como ya sabéis, nosotros viajamos en familia y nos dieron una habitación con baño privado. Todo muy limpio y las camas bastante cómodas, que después de días de ruta se agradece y mucho.
Tienes agua, café o té gratuito en la entrada, que puedes disponer cuando lo necesites.
Desayuno incluido que te preparan al momento.

Lo mejor viene por la noche.
Los martes, jueves y domingos invitan a cenar a todos los huéspedes del hostal, y de otros dos, La Casa Verde y La Casa de Jardín.
La cena se celebra en La Casa de Jardín, las dos veces que cené, la comida buenísima, cocina el mismo Jaypee.
Además de comer bien, es una buena oportunidad para conocer gente viajera ya sea de tu hostel o de los otros, el ambiente muy bueno.
Sin duda alguna volveré a hospedarme donde Jaypee si visito de nuevo Luang Prabang, Te lo recomiendo.
Despues de haber pasado unos días en Luang Prabang…
Es la segunda vez que vuelvo a esta ciudad y si en un futuro tengo la oportunidad de volver, no la dejaré pasar.
Es un lugar que engancha.
Si esperas encontrar fiesta y desmadre, este no es tu lugar.
Es lugar para disfrutarlo. Conocer sus montañas, a cruzarte con otros viajeros…
Sentirás que es uno de esos sitios en los que te quedarías más tiempo del que pensabas.




