¿Por qué visitar Sangkhlaburi?

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Guillermo Quiles

Sangkhlaburi no es solo visitar un destino tailandés; es entrar en la Tailandia que el turismo aún no ha conquistado.

 No es un destino «fácil», ya que requiere tiempo, el viaje en coche o minivan desde Bangkok son unas 6-7 horas, (aprox 370 km.). En bus pueden ser 8-9 horas.

Sangkhlaburi está en el oeste de Tailandia, en la frontera con Myanmar (Birmania), y es parte de la provincia de Kanchanaburi.

Está literalmente pegado a la frontera con el Estado Karen de Myanmar. De hecho, se puede ver el territorio birmano desde varios puntos.

La ciudad está dividida por un gran embalse artificial, Khao Laem, unida por el Puente Mon (Saphan Mon), que conecta la parte «principal» tailandesa con la comunidad Mon.

Lleva efectivo, billetes pequeños, ropa modesta para los templos y prepara tu cámara (y tu corazón) para capturar momentos…

Sus calles te llevan a la Tailandia mas remota, donde cualquier casa puede ser una tienda, un restaurante, donde puede haber una vivienda de dos plantas y justo al lado un chabola de uralita. Sus calles desembocan en el centro neurálgico del pueblo, o mas bien todas nacen allí, donde se encuentra el mercado, la mayoría de sus comercios, un hospital, varias escuelas y un centro deportivo.

El mercado y el mercadillo

Sobre las cinco de la mañana empieza a haber movimiento, gente montando sus puestos de frutas, carne y pescado fresco, hasta las cinco de tarde, cuando empiezan poco a poco a recoger y dar paso al mercado nocturno.

El Mercadillo Nocturno, en una explanada empiezan a montar los puestos, puestos de comida callejera, iluminados con focos, mesas y sillas de plástico compartidas. donde al caer la tarde se encienden las luces. Este es el espacio social por excelencia, donde van familias, muchos jóvenes van a trabajar despues de su jornada lectiva, otros simplemente a pasear, muchas familias van a cenar allí o a los restaurantes de alrededor después de terminar su día de trabajo.

Brochetas de carne, pescado a la parrilla y sai krok (salchichas de cerdo fermentadas, ácidas y deliciosas). Especialidades Étnicas: Puestos de comida mon (como el curry de pescado con hierbas) y karen. Más allá de la comida también hay puestos de ropa sencilla, útiles domésticos y juguetes básicos. Es el «centro comercial» al aire libre de Sangkhlaburi.

Los sábados por la tarde es cuando mas vida hay, llegan personas de las aldeas de los alrededores: Mon, Karen y campesinos de zonas rurales. No es el mercado diario, es cuando hay más puestos, más movimiento.
Aparecen cosas que no ves otros días, frutas traídas de lejos, pescados más grandes del embalse, carnes, dulces tradicionales.

Llegan camionetas y motos con gente de los alrededores vistiendo trajes tradicionales para actuar en el pequeño escenario que está justo al lado del mercadillo. Allí escucharás y verás música y bailes tradicionales, nada “para Instagram”. Todo para la gente del pueblo.

Es un punto social, no turístico, no está pensado para viajeros.

El puente de bambú

Normalmente, el primer encuentro con el lugar suele producirse sobre el Puente Mon, el lugar mas turístico del pueblo. Una larga estructura de bambú que conecta el pueblo principal con la comunidad Mon.

Al atardecer se pueden ven muchos turistas, sobre todo nacionales y de la etnia Mon, que van a visitar el fotogénico puente al atardecer, una imagen que vale mucho la pena guardar para nuestro recuerdo, «al otro lado» nos encontramos con el mercadillo Mon alrededor del puente y, por toda la calle principal, con infinidad de puestos donde comprar desde trajes tradicionales hasta comidas típicas.

Al amanecer, cuando el pueblo aún duerme, y lo único que se oye es el sonido del agua y el crujir de la madera bajo los pies, niños y niñas «venden» fotos vistiendo trajes Mon (Quizá sea el punto mas negativo que nos podamos encontrar) y los mercaderes despachan comida para ofrendar a los monjes.

Empieza a llegar gente también con la vestimenta Mon.

A esta hora, es cuando los monjes budistas (de las comunidades mon, birmana y tailandesa) inician su ronda para recibir ofrendas de comida. No es tan turístico como en otras ciudades, ni se trata que lo sea, por lo que es una experiencia auténtica y respetuosa.

En este extremo del puente, el pequeño mercado empieza a estar activo a las cinco de la mañana. A los pies del puente, completa el retrato cotidiano del lugar. Allí se desayuna, se conversa y se observa la vida local. Es uno de esos espacios donde el viajero deja de ser turista para convertirse en espectador de lo que ocurre alrededor.

La vida aquí se organiza sin prisas. El ritmo lo marcan los monjes al amanecer.

Los templos sumergidos

Explorar la zona implica moverse entre agua, colinas y frontera. Una de las experiencias más completas es alquilar una barca larga desde el muelle cercano al puente y recorrer el embalse durante varias horas.

El sistema está bien organizado: los barqueros esperan en el muelle y los recorridos tienen precios fijos según el tiempo y los lugares que se visitan. No hay que negociar. Se elige un circuito y se navega. En cada barca pueden ir hasta seis personas, lo que hace que la excursión resulte accesible para familias o pequeños grupos.

Y aunque los templos son las estrellas, el paseo en sí vale la pena sólo por el paisaje: la vida en el lago, una perspectiva diferente del pueblo, las colinas circundantes y las siluetas de los templos que emergen de los bosques.

La excursión más corta (300 baht) no te llevara mas de 30 y 45 minutos; en la más completa (1,500 baht) estarás casi dos horas navegando en el embalse. Si cuando lo visites el nivel del agua está bajo, puedes bajar a explorar las ruinas; cuando está alta, te acercas en barco para tomar fotos.

El embalse, el cementerio de templos.

De los tres templos visibles alrededor del lago, dos están regularmente sumergidos.

El primero que nos encontramos es el más emblemático, Wat Wang Wiwekaram. Cuando el lago está bajo, se puede atracar y entrar a los terrenos del templo. Se desembarca cerca de la antigua torre de oración, junto a un edificio arqueado, antes de llegar a las enormes paredes del ubosot sin techo. En el interior aún se ven nichos que alguna vez tuvieron estatuillas. Frente al pedestal de Buda hay un altar improvisado, señal de que el lugar sigue siendo sagrado.

Cuando el agua cubre el templo, solo sobresale la parte superior, dándole una apariencia apocalíptica muy fotogénica. Un tramo de muro se derrumbó, debilitado por la humedad, pero fue consolidado para preservar la ruina visitable. La zona restaurada se detecta porque las decoraciones en forma de paraguas sobre las ventanas han desaparecido.

Frente a él , en una pequeña colina, Wat Somdet, fue abandonado por falta de camino de acceso. Hoy se llega por una larga escalera renovada, al pie de la cual hay vendedores de flores y comida. En el interior, una estatua de Buda protegida da la impresión de un templo aún activo, aunque ya no residen monjes. Fuera, los banianos extienden sus raíces devorando las paredes.

El tercero, Wat Sri Suwan, su ubicación está marcada por banderas. Cuando el nivel del lago es alto, apenas sobresale. Se trata de una estructura rectangular sin techo, completamente sumergida.

Visitar La Puerta de la Ciudad Vieja, aunque el nombre es engañoso: en realidad no es una antigua entrada a Sangkhlaburi sumergida. Históricamente, el Paso de las Tres Pagodas sirvió como paso entre los reinos de Birmania y Siam. Los aldeanos dicen que una antigua carretera militar permitió a las tropas birmanas cruzar hacia Siam. Es más una «puerta de entrada al campo» que una «puerta de la ciudad».

Hoy está marcada por un pequeño santuario con techo de hojalata que emerge de las aguas. El paisaje circundante es salvaje y el agua actúa como un espejo, reflejando rocas y vegetación. Entre guirnaldas de flores artificiales, se distinguen los restos de un pequeño chedi con una cabeza de Buda en su cima.

Más al este, no lejos del puente Rantee, se llega a Phā Yipun, el «Acantilado Japonés«. El nombre se remonta a la Segunda Guerra Mundial: el ejército japonés estableció allí un campamento durante la construcción del ferrocarril de la muerte entre Kanchanaburi y Birmania.

El sitio consta de dos secciones de acantilados que forman un ángulo. A la derecha, el «Acantilado Tailandés», con escalera metálica que conduce a una estatua de Buda. A la izquierda, el «Acantilado Japonés» con una estatua de Buda de inspiración japonesa. Enfrente, una figura de Sujata, la joven que ofreció arroz  a Siddhartha antes de su iluminación.

Cuando el nivel del agua es alto, están separadas por el río; cuando baja, se puede cruzar de uno a otro. Algunos dicen que aún se ve el trazado del antiguo ferrocarril. Debajo del muro japonés, una cueva accesible solo buceando añade misterio al lugar. Este sitio, oculto por la vegetación, no se descubrió hasta 2015.

Un poco de historia del lugar.

Cuando se construyó la presa en 1984 y el valle se inundó, hubo que encontrar una manera de conectar la pequeña ciudad tailandesa con la otra orilla, donde vivían muchos refugiados mon de Birmania, que se encontraban aislados.

Bajo el liderazgo del venerable monje local Luang Pho Uttama, la comunidad Mon y los habitantes Karen de Sangkhlaburi se movilizaron entre 1986 y 1987 para construir esta impresionante estructura, de casi 450 metros de largo, hecha enteramente de madera, lo que la convierte en la más larga de su tipo en Tailandia. Inicialmente concebido como un medio sencillo para mantener el enlace después del llenado del embalse de Vajiralongkorn, se ha convertido en el puente de madera más largo de Tailandia y en un fuerte símbolo de identidad. No alcanza la longitud del famoso puente U Bein, cerca de Mandalay en Birmania, pero su altura, adaptada a las variaciones del nivel del lago, lo hace particularmente único.

En el verano de 2013, una inundación excepcional arrasó un tramo central de unos sesenta metros. El corte fue brutal y los habitantes tuvieron que arreglárselas durante un tiempo con una pasarela temporal de bambú. Finalmente fue reconstruido al año siguiente en un tiempo récord, gracias a la movilización de la población y con el apoyo del ejército.

El río y las casetas flotantes

A pocos kilómetros del centro de Sangkhlaburi, siguiendo el curso del río, se encuentra una zona natural de baño muy frecuentada por las familias locales. Allí hay un pequeño restaurante conocido como Krua Rim Kae, donde la comida se sirve en sencillas casetas flotantes de bambú colocadas directamente sobre el agua.

El lugar no tiene nada de sofisticado: mesas de madera, platos caseros y plataformas que se balancean suavemente con la corriente. Mientras llega la comida, puedes aprovechar para darte un baño. Veras a los niños como se lanzan al río, juegan en la orilla o nadan alrededor de las casetas.

Es un espacio pensado para la gente del pueblo. Los fines de semana se llena de familias que vienen a pasar el día, a bañarse y a compartir la comida.

¿Es un destino para visitar en familia?

Definitivamente sí. Porque en Sangkhlaburi la vida sucede a un ritmo que los niños pueden seguir.

Sangkhlaburi es un lugar que se recorre caminando, sin grandes avenidas ni multitudes. Hay mercados, puentes de madera, barcas sobre el lago y colinas verdes alrededor. Un entorno tranquilo para moverse con niños sin prisas ni estrés.

El paseo en barca por el embalse y los templos sumergidos es una pequeña aventura. Ruinas que emergen del agua, selva alrededor y la sensación de estar explorando un lugar escondido. No hace falta entender toda la historia para disfrutarla.

En Sangkhlaburi no hay atracciones artificiales para niños, ofrece tiempo de calidad juntos, curiosidad despierta y recuerdos.

Un destino para familias que quieren viajar despacio y mirar el mundo con otros ojos.

Por eso… No vengas a Sangkhlaburi si buscas…

No vengas a Sangkhlaburi si buscas playas de postal, piscinas infinitas o resorts con pulsera incluida.
No vengas si quieres moverte rápido, ver diez lugares en un día y tacharlos de una lista.
No vengas si esperas comodidad occidental, cafés de diseño o menús en inglés con fotos.
No vengas si buscas un destino preparado para el turismo, con espectáculos pensados para la cámara y experiencias empaquetadas.

Es tu sitio si…

Te gusta caminar sin prisa y dejar que el lugar marque el ritmo.
Disfrutas observando cómo vive la gente, no solo qué lugares visita.
Te atraen los mercados locales, los pueblos de frontera y los caminos que no salen en los folletos.
Te apasiona caminar entre naturaleza, seguir el curso del río y perderte por sus senderos.
Viajas con niños y buscas que aprendan, no que consuman actividades.

Sangkhlaburi una inmersión cultural.

¿Cuantos dias ir?

Lo ideal es dedicarle entre 2 y 3 días completos.
Un solo día permite ver el puente y el mercado. Con dos o tres noches puedes vivir el amanecer, el mercado nocturno, el paseo en barca por el embalse y algún rincón menos visitado de los alrededores.

Es un pueblo muy tranquilo y seguro para el viajero, dispone de hospital  24 horas en caso de emergencia y como en cualquier otro lugar hay que moverse con sentido común.

No compite con Chiang Mai ni con las islas. Juega en otra liga: la del viaje interior.

¿Cuándo ir?

La época ideal es entre noviembre y febrero, cuando el clima es más fresco y seco.
Durante la temporada de lluvias (junio a octubre) el paisaje está más verde y los templos pueden estar más cubiertos por el agua, lo que cambia por completo la experiencia. Pero cualquier época del año tiene su encanto.

Sangkhlaburi no termina en su puente ni en su lago. Esto es solo su carta de presentación, bien puede ser «campamento base» para visitar sus alrededores y asomarse al vecino birmano.

 

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